viernes, 2 de marzo de 2012

La voz del silencio, por Tom Martín Benítez

La gente que llevamos la radio en el corazón sabemos que la radio se aprende igual que se aprende a vivir: viviendo. Es decir: escuchando.

Mi primer acercamiento a la radio fue, obviamente, como oyente y aquello significó un verdadero encuentro con la magia, el inicio de un idilio que todavía continúa. Empecé en una emisora local de Barbastro, en Huesca, y recuerdo bien que lo más difícil no fue, en los comienzos, hacer una crónica o hablar por el micrófono, sino comprender la realidad. Acertar con la interpretación cabal de lo que me rodeaba.

Estoy persuadido de que la intuición es necesaria en mi profesión, pero no basta; de que la experiencia se adquiere, pero no es, en si misma, garantía de nada. A todo esto hay que añadir la voluntad de ser útiles. Primero hay que ser ciudadano, persona, gente normal, iguales, hay que parecerse a los demás. Y la verdadera conexión con los demás solo se consigue pisando el terreno que nos es común: siendo uno más, un igual entre iguales. Por eso creo que la primera asignatura de un radiofonista es la vida y nuestra profesión una herramienta al servicio de los demás.

La experiencia del programa en directo que realizamos en La Escuela de Salud Pública de Granada con ocasión del I Congreso de la Escuela de Pacientes fue, por tanto, la plasmación de una convicción y un compromiso. Fue además, y sobre todo, un regalo para los miembros del equipo del programa LA HORA DE ANDALUCIA.

Solo hicimos caso a la locutora, periodista y escritora norteamericana Amy Goodman cuando nos pide que vayamos “allá donde esta el silencio”. Pero no (añado yo) para ocuparlo simplemente, mucho menos para hacer ruido: hay que ir donde esta el silencio para dar voz a quienes no tienen voz.


Tom Martin Benitez, Sevilla, marzo de 2012

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