domingo, 30 de marzo de 2014

ALZHEIMER NAVIDEÑO y LA ÚLTIMA CITA, dos microrelatos del premio Albert Jovell de #6cronico #1activos



ALZHEIMER NAVIDEÑO


Ande, ande, cogeré el andador. Caminaré por los pasillos porque una pandereta suena. No, aquí no hay chiquirritines. Todas las noches, son noches de paz, al llegar  las nueve  apagan las luces y  no, no suena una campana sobre campana sino   un timbre que nos avisa que debemos acostarnos. Mis descolocadas neuronas no me permiten recordar  el dime niño de quien eres al intentar identificar a mi nieto. En el taller de costura yo me remendaré el traje y lavaré mi ropa en la lavandería como la Virgen. No sé donde esta mi casa, soy incapaz de cumplir la máxima” ven a mi casa esta Navidad” mi hogar es este Hospital de enfermos mentales en cuyo portal hay una pecera donde observo a los peces, pero no, estos no beben del río. El niño Dios para mí es el Doctor, aunque tenga el pelo blanco y muchos años me transmite confianza. Esta noche es Nochebuena, vendrán los pastores, no llevaran chalecos de borreguito, irán vestidos con impecables trajes blancos, son los enfermeros y auxiliares y escucho la voz de los Reyes Magos, llegan tres voluntarios. Antes de acostarme enciendo la única lamparilla de mi mesilla de noche, una botella de agua sustituye a la bota ya que no me voy a emborrachar. Las tabletas son medicinas, no turrones. Ya en mi cama sonrío tatareando al niño que está en la cuna.



Cogió el enorme bolso del suelo, recogió las llaves, las pastillas y el móvil de la mesa y cerró con esfuerzo la pesada puerta del piso. Mientras bajaba en el ascensor observó su imagen en el espejo, llevaba su pañuelo favorito, el que le regaló su hombre hace ya tantos años, y una sonrisa nostálgica la acompañó hasta la planta baja.
Ya en la calle fue recibida por la brisa templada que llegaba desde el mar, se dirigió hacia el paseo marítimo, bajó con cuidado las empinadas escaleras de la playa y descalzándose caminó hacia el Castillo de Santa Catalina sintiendo la arena entre sus dedos y maravillándose, como cada día de sus sesenta y ocho años por la belleza con la que se asomaba su Cádiz al infinito mar.
 Desvió sus pasos por las estrechas callejuelas, y respirando con dificultad, paró unos minutos para recuperar el aliento antes de entrar en el edificio del Casino Gaditano.
En el interior se encontraban sus  tres hijas formando corrillo y hablando con rostro serio, nada más verla una sonrisa iluminó sus caras,  lanzándose a saludarla con besos y abrazos interminables.
.- ¡Mamá! ¿No se te habrá ocurrido venir andando?- dijo Estrella con tono indignado- Es que no puedo contigo…
.-Déjala que ella sabe lo que hace- dijo su cariñosa y comprensiva hija Merche.
María, la mayor, la miró  seriamente con sus vivos ojos brillando por las lágrimas,  cogió su mano y la condujo hacia el impresionante patio central, -mira Mamá han venido todos…-
Entre las columnas del patio, alrededor de una gran mesa dispuesta, se encontraban charlando o correteando, según correspondía a la edad de cada uno,  sus yernos y  nietos. Le encantó el aire festivo que se respiraba, algunos de ellos llevaban meses sin verse y las voces y las risas llenaban de vida el antiguo edificio.
A todos saludó y abrazó, compartiendo anécdotas y novedades,  bebiendo el cariño y la vida que de todos ellos emanaba,  y cuando, cerca ya de la medianoche, la felicidad no pudo sedar ya el dolor,  dirigió una mirada cansada a sus hijas.
.- Mamá, ya es tarde, nos despedimos y te llevo a casa, que me quedo a dormir contigo-dijo la hija mayor levantándose.
.- No hace falta, he quedado con tu hijo para que me lleve…
.- ¿Con Edu?  Pues ha debido olvidársele porque ha venido en moto… ¡Mamá!
Una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro al ver la mezcla de asombro y miedo que aparecía en la cara de su hija.
-Qué quieres –le dijo  mientras la abrazaba- es el único medio de transporte que aún no he utilizado…
Llegó a casa agotada, se acostó con la ayuda de su nieto cayendo inmediatamente en un profundo sueño - cortesía de la medicación- y soñó con su único amor. Sintió cómo venía hacia ella, sintió cómo la abrazaba y besaba como antaño,  y la muerte le llegó con la misma pasión y generosidad con la que había vivido.


  

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